jueves, 15 de diciembre de 2011

Abuso de poder

¨Los firmantes con responsabilidades de conducción de carreras o Escuelas que no acepten que han cometido un grave error en la forma en que han canalizado sus preocupaciones, quedarán inmediatamente relevados de dichas responsabilidad¨. Juan Carlos Del Bello, Rector de la Universidad Nacional de Río Negro, en mail dirigido a la comunidad universitaria.

La amenaza y su concreción como forma de comunicación en un país que ha recuperado la democracia hace mucho tiempo y trabaja día a día para que se consolide y se vuelva grande, debería ser una práctica en desuso de nuestra época.

Es más, si existe algo que los últimos ocho años han reivindicado ha sido el rescate del valor de las instituciones para que nuestra práctica democrática se fortalezca. Con mucho trabajo, y en contra de los principios del mercado y de las prácticas autoritarias que han sometido a nuestro país durante décadas, el presente político ha devuelto institucionalidad a las instituciones, recobrando así la participación activa de una sociedad que volvió a creer en la política como un instrumento democrático para el cambio.

Pero existen excepciones, existen formas que se acercan más a otros momentos de nuestro país que al actual renacer de la actividad democrática, participativa, nacional  y popular.

Juan Carlos Del Bello, rector de la Universidad Nacional de Río Negro desde hace tres años y elegido  por cuatro años más en el mes de julio de este año  (proceso que tuvo irregularidades en nuestra sede, porque él no permitió que ninguno de los pre-candidatos que habían debatido públicamente accedieran a la posibilidad de ser elegidos y porque antes de las elecciones él mismo se reunió con cada uno de los docentes regulares que estaban habilitados para votar y les exigió que le dijeran a viva voz a quién elegirían como rector y como vicerrector) es una excepción a una forma de gestionar el poder, que ha ido cambiando en la primera década de este nuevo siglo.

Excepción, porque su modo singular de ejercer el poder lo deja fuera de la institucionalidad que defiende, y más allá de que grite y levante la voz para definirse como ¨nacional y popular¨, inclusivo y por sobre todas las cosas, democrático, cada una de sus palabras parecen condenarlo a su propia incomprensión de un presente que va por un camino diferente al que él ha elegido para comunicarse.



Porque Del Bello amenaza para consolidar su poder, porque Del Bello echa a los directores y coordinadores que organizaron varias carreras de esta Universidad y a quienes convocó y utilizó como referentes para que le garantizaran simbólica y administrativamente una serie de requisitos que permitieron que esta Universidad hoy esté funcionando.

Porque cuando alguien no piensa como él,  Del Bello lo corre de su cargo sin más, y designa en su lugar, como hace en todas las sedes, sus cuadros políticos, sus amigos de militancia que de lo académico saben muy poco, que se rasgan las vestiduras al comentar su pasado setentista, se autodefinen como kirchneristas y no les tiembla el pulso para aplicar el achique y la precarización del trabajo al mejor estilo menemista. Contradicción teórica y práctica que sus amigos Dora Riestra y Bohovlasky, comparten, sino pregúntenle a los alumnos y profesores de la sede andina como fueron tratados por la primera de estos singulares productos de la contradicción política? Y a los alumnos y docentes del Comahue, qué pueden decir del segundo?

Es una lástima que en este momento del país, en el cual la Universidad Nacional de Río Negro podría ser un ejemplo capaz de expresar nuestro crecimiento como colectivo, respetando los Derechos Humanos en consonancia con las políticas nacionales en este sentido, el rector elija como acción política, producto de una singular convicción que lo lleva a intentar controlar cada uno de los movimientos de los distintos sectores que conforman este espacio, a través de  la amenaza y la extorsión, el descabezamiento de dos de las tres escuelas de la Sede Andina que no son funcionales a sus intereses.

Pienso en la Reforma del 18, en el  porcentaje del PBI para la educación que el gobierno nacional ha incrementado, en el espacio crítico que supone el ámbito universitario como práctica política y académica. Pienso en las distintas maneras que podría haber adoptado este presente y no puedo entender por qué un rector, ante una consulta de los directores de dos Escuelas de esta sede (consulta que llevaba como pretensión aclarar situaciones laborales y académicas de un importante número de docentes de Bariloche y El Bolsón, ante la incertidumbre de un llamado a concurso que parece dejarlos fuera del futuro de esta Universidad), opta por la amenaza, por la intimidación, por el miedo y por la expulsión de aquellos que no piensan exactamente como él. ¿ Por qué no  elaboró una respuesta acorde al diálogo que se proponía desde la carta presentada por los Directores y coordinadores? ¿No es esta carta, una excusa utilizada para maltratar, para hacer un uso despótico del poder, y para por fin tomar una decisión que ya estaba prevista, cambiar a la dirigencia de la Sede Andina  y de esta manera alinearla con las otras sedes de la Provincia, y transformar a la Universidad en un  feudo bajo su dominio?



A este abuso de poder que no es el primero, pero esperamos que sea el último, no lo podemos dejar pasar ni naturalizar… Nuestra manera de percibir el mundo está comprometida en estos hechos, ya que de aceptar estos singulares modos de ejercer el poder, la que se encuentra comprometida es nuestra libertad personal, nuestra libertad de expresión y de pensamiento, nuestra dignidad; además, se encuentra comprometido el futuro de una ciudad y de una provincia a la cuales estás prácticas autoritarias, desmedidas, injustificadas,  no le vienen nada bien ya que las hacen retroceder con respecto al resto del país, ubicándolas en la prehistoria de nuestra historia democrática, allá en la noche trágica de nuestra Argentina, en dónde  los macabros protagonistas de estos hechos dicen pertenecer como víctimas, ensuciando una memoria que este presente político ha sabido ubicar en el lugar que se merece.